domingo, 2 de septiembre de 2012

La soledad a tiempo.

Ese día decidí vivir en otro mundo. Que descubrir la soledad a tiempo había sido lo mejor que me había pasado en la vida. Decidí que comenzaría de nuevo, igual crearía una familia y aparentemente me olvidaría de todo, solo dejando en aquella esquina de mi corazón que se había quedado vacía todos los recuerdos no vividos. Aquel día yo había muerto, vi como mi alma había salido de ese cuerpo lentamente, ese cuerpo dejó de ser y el mundo me concedió cinco minutos más, los más intensos de mi corta vida. Me di cuenta de que no puedes entregar tu corazón a una sola persona, porque al final te acaba comiendo el alma y ya no eres tú, eres otra persona que se disfraza en ti. En solo un momento todo se había roto, pensaba que cuando el mundo se acabase iba a ser exactamente igual que lo que viví aquella noche. ¿Quién decide lo que está bien y lo que está mal? ¿Cuál es nuestra misión en la vida?. La mía era diferente, yo tenía una misión.

Han pasado ya diez años y sigo aquí, a orillas del río Sena, no me he separado ni un segundo de aquel instante, sigue aquí. Cuando la gente pasa por este punto del río veo algo en sus ojos que me hace pensar que saben lo que ocurrió aquella noche. Mi misión era muy compleja y sencilla a la vez, mi misión era sentir.

Mario.

2 comentarios:

  1. Sentir es a veces tan complicado como no sentir.
    Tu blog, me enamora.
    Bienvenido :)

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  2. Qué alegría el primer comentario! Llevaba tiempo queriendo hacer públicas cosas de estas y por fin me he atrevido. A partir de ahora nos leeremos más. Mil gracias y beso enorme.

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